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La miopía en los niños

Los más pequeños de la casa no detectan si ven bien o mal, simplemente creen que la forma en la que ellos ves es la forma en la que ven todos los niños. Es por este motivo que los padres deben de estar atentos a los diferentes síntomas de la miopía o de cualquier otro problema visual.

No existe una edad establecida para empezar a desarrollar miopía que recordamos que se trata de un efecto de la visión que provoca la dificultad en la visión de cosas que están lejos de nuestros ojos, pero en la edad de los más pequeños suele pasar desapercibida porque el entorno en el que se relacionan es muy cercano: tienen los juguetes cerca, juegan con los niños muy cerca, etc. Pero cuando los niños crecen y empiezan la vida escolar es cuando se detecta que no ven bien y es aún más importante saber el por qué de esta baja agudeza visual.

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Algunos síntomas son los siguientes:

“No veo bien la pizarra”: a veces los niños piden ponerse más cerca de la pizarra y otras veces, dicen directamente que no ven. Normalmente se diagnostica a los cinco o seis años o cuando el niño da el estirón, entre los diez y los doce. El crecimiento va de la mano de la miopía.

“No veo a mis padres”: cuando los niños son pequeños siempre salen corriendo de las clases para irse a casa con los padres. Si en el patio no reconoce fácilmente a sus padres significa que le cuesta detectar las caras conocidas entre un grupo grande de gente y que por lo tanto, padece algún problema de agudeza visual.

“No leo bien el libro”: los niños empiezan a leer en cuanto tienen conocimiento de todas las letras y en la escuela les enseñan una buena postura y distancia para hacerlo. Si el niño se acerca mucho al libro para sentirme más cómodo en su lectura quiere decir que tiene dificultad para ver las letras de lejos y por lo tanto, síntoma de miopía.

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“Tengo que achinar los ojos”: Un mecanismo de defensa para superar la miopía es achinar los ojos. Entrecerrar los ojos es un gesto muy común de la gente con miopía ya que les ayuda a enfocar mejor.

Una vez sabemos por qué el niño ve mal, una visita al oftalmólogo solucionará los problemas visuales del niño. Mientras tanto, es importante hacer vida normal dado que su miopía no va aumentar porque tarden dos meses en ponerle gafas.

Hoy en día, hay cada vez más niños miopes y aunque hay muchos casos que se trata de miopía hereditaria, su progresión también está influenciada por otras causas ambientales. Un factor destacable es la menor permanencia de los niños en el aire libre así como el uso abusivo de los dispositivos móviles con pantallas pequeñas que pueden perjudicar la visión.

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Los investigadores coinciden en que la exposición a la luz natural y la mayor oportunidad para que los niños desarrollen su vista a larga distancia es un efecto muy positivo para la salud visual de los niños, así que ya sabéis, ¡a jugar a la calle!